El más sediento es Jesús mismo

El más sediento es Jesús mismo que, más que sed del agua de aquel pozo, tiene sed de la fe de la Samaritana, tiene sed de la fe, la conversión de cada uno de nosotros.

¿Y por qué? Porque quiere colmarnos de todo lo que su Gracia, el Agua Viva, puede darnos.

Rememos a dirección al Cielo y, por tanto, llenemos de amor esos lugares donde el bien, la verdad y la belleza desaparecen. Es decir, donde a Dios se le deja sin lugar. Luchemos por nuestra salvación y por la de los hermanos sin más tardanza.

Pbro. Carlos Mendoza González, Párroco